Trabajo en movimiento

El 2018 fue para mí un año de movimiento. Partí el 2017 viajando a estudiar ilustración científica a la Universidad de Washington, en Seattle. La oportunidad de dedicarle prácticamente el 100% de mi tiempo al dibujo y a la naturaleza es uno de los regalos más lindos que me he podido dar y espero sacarle partido a toda esa nueva experiencia. El paso por Seattle además me dejó muchos nuevos aprendizajes propios del viaje y del convivir con personas y culturas nuevas. Antes de regresar a Chile me pasé un tiempo al verano mediterráneo en Italia, a visitar a mis padres, familia, amigos y a mi querida ciudad natal, Génova. La vuelta definitiva a Chile fue dura y confusa. Volver a echar raíces, a retomar proyectos y a establecerme no fue fácil. Creo que eso es parte del desafío de estar en movimiento, no se puede controlar las cosas como cuando una está estática, no cabe todo en la mochila, hay que seleccionar lo esencial e indispensable y soltar el resto. Volver me dio una sensación muy nostálgica, como atemporal, que me impactó mucho pero me permitió observarme desde un punto fijo. Pero la estabilidad me duró poco. A las semanas me moví rumbo al sur, primero a Pucón, a las grabaciones del capítulo Sabores del bosque de Sal, Ciencia y Pimienta, un programa sobre ciencia y cocina al cual me invitaron a participar. Después a Valdivia a trabajar en el proyecto Exploración dosel que creamos junto a mi querida amiga Dea y el Laboratorio Dosel de la Universidad Austral. Este proyecto nos llevó a escalar un ulmo de 35 metros para explorar e ilustrar qué hay en la copa! Pero no me quiero ir por las ramas, valga la redundancia, así que hablaré del proyecto Dosel en otra oportunidad. Después de Valdivia, Chiloé, y la ya cuarta versión del curso de ilustración botánica de campo que co-enseño y coordino en la estación biológica Senda Darwin. Y que fue muy especial porque el grupo de personas fue muy lindo, generoso y creativo, porque nos afiatamos mucho como equipo y eso se reflejó de forma sorprendente en cada detalle del curso, porque un pudú nos visitó día por medio, porque llovió tanto que quedamos medios aislados, porque se inundó el bosque y parecía un manglar y porque la Senda Darwin es uno de mis lugares favoritos en este planeta. Ese proyecto es como un hijo para mí, un experimento que sin saber mucho hacia dónde nos llevaría, creamos hace 5 años con la intención de generar puentes entre ciencia, arte y comunicación de saberes. Y que hoy veo lo potente que puede ser más allá de las técnicas mismas o lo que enseñemos en contenido en el contexto del bosque chilote, sino por la formación de agentes de cambio mediante el dibujo como motor de movimiento y acción.

Y vuelvo a la palabra movimiento...siempre me han incomodado las definiciones y los roles, tal vez por eso estudié dos carreras completamente diferentes y aparentemente incompatibles. Fenómeno que siempre he relacionado con el hecho de mi doble nacionalidad y mi movimiento constante entre dos continentes, dos culturas, dos familias, dos orígenes. Y como intentando incomodarme a mi misma en mi autodefinición podría decir que me acomoda definirme como alguien que trabaja y vive en movimiento, tanto movimiento físico entre lugares, como movimiento intangible entre el mundo de la ciencia, del diseño, de la ilustración y de la comunicación.

Y un destilado de esta vida 2018 en movimiento es el siguiente:

-Perderle el miedo al proceso

Es muy importante abrirse y atreverse a probar, no importa no hablar perfecto el idioma, no importa si no es lo que más acomoda, no importa no ser experta, es ese primer impulso lleno de pura intuición el que lleva a construir un camino de movimiento, es justamente la incomodidad del proceso lo que estimula la creatividad y el cambio y que llena de millones de ideas y genera las mejores colaboraciones.

-La ciencia perfecta no existe

Este fue un consejo que le escuché a un colega y que no iba dirigido a mí pero lo tomé y lo hice propio. Menos perfeccionismo limitante y más espontaneidad y acción. El trabajo perfecto no existe, hay que construir sobre lo imperfecto y superar esa fantasía.

-Hay que verse las caras

Esto podrá sonar muy poco Millennial pero en la construcción de un trabajo colaborativo remoto y en movimiento hay espacio para muchos malos entendidos, incluso cuando uno conoce muy bien a sus colegas. Me di cuenta durante este año remoto que no hay como el contacto físico para construir comunidad, que la tecnología digital es un apoyo indispensable pero la comunicación no puede volcarse 100% en ella porque se vuelve torpe y se puede perder el foco.


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